Renovación del CNE, una oportunidad histórica

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Renovación del CNE, una oportunidad histórica Foto: archivo

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En sistemas democráticos sanos, una función electoral independiente es uno de los pilares más importantes del Estado de Derecho, ya que ella es la responsable jurídicamente de garantizar el ejercicio de los derechos políticos de los partidos y movimientos, de construir normas equitativas que aseguren contiendas justas, así como de fomentar el debate de ideas y argumentos de modo que la ciudadanía pueda elegir libremente y sin presiones provenientes de procesos clientelares. Esa descripción corresponde al órgano electoral ideal que se suponía tenía que nacer luego de la Constituyente de Montecristi, a la luz de ese famoso “espíritu constituyente” que nadie sabe adónde se fue en la década pasada.

EL CPCCS transitorio acaba de cesar en sus funciones a los actuales consejeros del CNE, luego de  recibir el informe de la comisión técnica de evaluación  sobre su  gestión y una vez que ejercieron su derecho a la defensa mediante sus alegatos de descargo. Pero ese reporte, que es una suerte de  auditoría de gestión ha revelado aspectos que ratifican lo que se venía advirtiendo desde varios sectores hace una década: la falta de independencia de todos aquellos que presidieron y formaron parte de ese organismo desde su inicio, al igual que de aquellos que conformaron las comisiones ciudadanas de selección, y su comprobada afinidad al gobierno de turno. Esto evidencia que aquellos ciudadanos probos sin filiación ni adhesión política ni compromiso de trastienda no tuvieron oportunidad de integrar este organismo técnico electoral.

Pero la realidad hoy por hoy se siente distinta, se espera diferente, ya que, al salir los consejeros, estamos frente una eminente renovación del órgano electoral; renovación que ya se está debatiendo pudiera ser transitoria o definitiva. La tarea que le espera a este grupo de ciudadanos no es cualquier cosa, tomando en cuenta que estamos a puertas de un proceso electoral y que los tiempos apremian en cuanto se refiere a organización logística de elecciones, con la particularidad de que también, y por primera vez, se elegirán por votación popular a los miembros del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social definitivo, y esto último requiere, a su vez, de un proceso de revisión del reglamento que está en vigencia.

Cualquiera que sea la característica del nuevo CNE, transitorio o definitivo, los ciudadanos esperamos que su integración responda realmente a lo que el país necesita, y no se vuelvan a repetir las prácticas que señala el informe que provocó su renovación. Que el CNE nazca con independencia es una necesidad imperiosa, que tenga una integración balanceada y que ojalá cuente también con representantes de sociedad civil es una aspiración de todos, ciudadanos y actores políticos. Resulta irónico insistir en la probidad y ética reconocida de sus integrantes, pero dado los hechos se vuelve un elemento fundamental.

Sin embargo, y más allá de quienes lo integren, no podemos dejar de lado los temas que el sistema electoral ecuatoriano aún tiene pendientes que impiden que sea eficaz y que sea reconocido por la ciudadanía como equitativo. Los nuevos consejeros de este  organismo deberán hacer frente a la construcción de una nueva institucionalidad electoral en donde, de partida, deberán enfocar sus esfuerzos en algunos temas de fondo:

  • Plantear un mecanismo técnico posible para caminar hacia una depuración definitiva del padrón, a fin de superar ese fantasma que persigue las elecciones y tiñe de opacidad los procesos electorales ecuatorianos, a través de un trabajo coordinado con el Registro Civil y otros organismos.
  • Fortalecer a los partidos y movimientos políticos, que es una tarea que los CNE modernos asumen en otros países con responsabilidad fortaleciendo la democracia.
  • Garantizar equidad electoral con normas claras y firmes respecto al control de publicidad oficial y uso de recursos públicos en proselitismo político.
  • Prohibir el uso de los medios oficiales para proselitismo político y las prácticas políticas violentas.
  • El fomento y apoyo del debate político y confrontación de ideas como condición sine qua nonde las contiendas electorales.
  • Promover un debate nacional, técnico y académico sobre el sistema electoral ecuatoriano.

En suma, el país requiere un CNE que trabaje por la democracia multipartidista y ciudadana. En este contexto, la renovación del CNE sin duda es una oportunidad histórica.

Ruth Hidalgo es directora ejecutiva de Participación Ciudadana.

Tomado de: 4 pelagatos

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