El terror de la intolerancia

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Una breve reflexión sobre los atentados en París. Por Milagros Egas Villacrés.

El odio genera odio. La violencia genera violencia. Y el miedo genera miedo. Este pasado viernes 13 de noviembre el mundo entero fue testigo de ataques simultáneos a nivel mundial donde hubo cerca de 400 muertos y más de 500 heridos. París, Beirut y Garissa fueron los escenarios de ataques terroristas pertenecientes a grupos fanáticos religiosos extremistas, que han alcanzado a conformar una red internacional terrorista que se ha apoderado de casi dos países enteros y amenaza constantemente al resto del mundo.

La situación de refugiados de la guerra en Siria e Irak ha sido una de las más grandes crisis de los últimos años con cerca de 4 millones de personas que han abandonado sus hogares para recibir refugio en Europa y en el resto del mundo. Y, con los hechos de este pasado viernes, la crisis será peor, puesto que estos actos solo incrementarán la violencia interna y externa.

Pero esto podría ser inclusive peor. La apertura dada por Europa hacia los refugiados hasta ahora podría cambiar a partir de este mes puesto que se conoce que uno de los responsables del ataque en París entró como refugiado con un pasaporte de emergencia otorgado en Grecia. Esto afecta directamente a la seguridad y a la situación de las personas que se encuentran en territorio bajo control terrorista. Si se cierran las fronteras, ya no habría posibilidades de huir. Si se cierran las fronteras sería condenar a muerte a millones de personas. Pero si se mantiene la política abierta a refugiados también se incrementaría el riesgo de tener más ataques como los del viernes pasado y se pondría en riesgo la vida de millones de personas.

Entonces ¿qué hacer en esta situación?

¿Intervenir en Siria y mantener una política de fronteras abiertas a refugiados? La intervención y las políticas de fronteras abiertas han salvado las vidas de miles de personas que han logrado salir de una guerra infernal. Sin embargo también desde que la guerra en Siria comenzó, hace ya cuatro años, varios estados que han actuado y han declarado la guerra contra el Estado Islámico (ISIS), se han convertido en objetivo por parte de terroristas. Es decir, estas intervenciones solo han causado daño y de cierta manera han sido el motor para que más extremistas se unan a esta guerra sin fin.

Entonces, ¿no intervenir y cerrar las fronteras? ¿Aplicar una política de absoluto respeto a la soberanía de cada país y proteger la seguridad nacional? ¿Qué hay de la gente inocente que muere cada día en estas guerras? ¿Qué hay de los derechos de estas personas y de la responsabilidad de todos los estados de proteger y garantizar los derechos humanos? La no intervención, es uno de los tantos pedidos de los grupos extremistas, pero a su vez abandona a millones de personas inocentes que no tienen ninguna relación con el conflicto más que el haber nacido en estos países. El cierre de fronteras es aún peor porque cierra todas las posibilidades a la gente que desea huir de la violencia.

¿Existe entonces un balance u otro tipo de medidas que el mundo pueda sostener?

Por lo visto, los terroristas cumplieron su objetivo: causaron terror. Y con este miedo, cerraron las posibilidades para millones de personas que huyen de la violencia generada por el Estado Islámico. Con este miedo han dado paso a que se genere intolerancia, discriminación y odio entre naciones, religiones y grupos étnicos.

Las autoridades de cada estado pueden sostener algunas medidas para mejorar la seguridad y la inteligencia ante la investigación de miembros de grupos terroristas. También se podría cambiar la política de “No negociación” y organizar diálogos con representantes de estos grupos (como lo hace Colombia con FARC) para poder llegar a acuerdos que no causen más daños a civiles.

Pero más allá de cualquier política, se debe comenzar con un proceso de largo aliento que logre educar y erradicar la intolerancia y extremismos. Es esta incesante búsqueda de razón absoluta y verdad universal la que genera violencia. Y este es un círculo infernal que no solo sostiene la ilusión de estas verdades universales sino que asesina a millones. Luego de los ataques, Francia declaró la guerra al Estado Islámico, y es solo cuestión de tiempo para que este a su vez cause nuevos ataques. El círculo infernal no terminará hasta que haya un cambio real  y un deseo de generar una plataforma de diálogo y de educar a nuevas generaciones. La aceptación de la diversidad de pensamiento y creencias es primordial para anular los extremismos que siguen derramando sangre.

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